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Mostrando entradas de abril, 2008

El príncipe Humberto

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La bella princesita tomó al sapo en la mano con suavidad pero con firmeza y, acercándolo a sus rojos labios iba a besarlo cuando…
- ¡No, no, por favor, no me beses! – gritó aterrorizado el sapo.
- ¿Que no te bese? ¿Por qué no? – Lo interrogó la dulce princesa – Tú eres un sapo, yo soy una princesa, tengo que besarte. Es la tradición, ya sabes…
- Ya, ya sé que es la tradición pero es que… verás… ¿Me permites que te cuente una historia?
- Claro ¿Por qué no? Adelante.
- Muy bien pues verás…

… El príncipe Humberto era guapo y esbelto.
Elegante, inteligente, educado y responsable.
El príncipe Humberto tenía todo lo que un príncipe podía desear y era todo lo que un príncipe quería ser.
Pero no era feliz. Ni tan siquiera se sentía un poco satisfecho. Tampoco es que fuera desgraciado. Más bien se sentía gris, de lo más gris que puedas imaginar.
El príncipe Humberto cumplía con todos sus deberes sin rechistar: se enfrentaba a dragones cada martes. Jueves y lunes, salvaba a dulces doncellas. Los sábados …

A veces los médicos se equivocan…

… Y no te enfadas ni un poquito porque la consecuencia de su equivocación, en lugar de un desastre, es un alivio.
Tras dos graves crisis que llevaron a los médicos del hospital a dar por perdida la vida de mi padre, resulta que éste les da la gran sorpresa y, en unos pocos días, ha pasado de estar al borde de la muerte por culpa de una pulmonía a estar prácticamente curado de esta enfermedad.
Cuando llegué el martes le habían quitado la medicación y sólo tenía calmantes y morfina para poder respirar bien. En dos días volvían a darle medicinas, en tres ya estaba de nuevo trabajando (y bromeado) con la fisioterapeuta y en cuatro volvían a darle sus café con leche y sus calditos…
No lanzaré las campanas al vuelo. Aún tiene que pasar una grave operación (que es el motivo por el que está ingresado) pero, de momento, creo que Chó Manué (mi padre) ha mirado a la señora esa y, en el más puro estilo canario, como a él le gusta, le ha dicho: “Mie usté, crestiana, déjeme el alma tranquila y vuelva …

...

Esta noche me marcho a Las Palmas por unos días. A mi padre le quedan pocos días de vida y voy, bueno, pues a verle por última vez.

No sé cómo andaré de ánimos a la vuelta así que comunico esto para que sepan que igual ando un poco "missing" durante un tiempo.

Seguro que menos del que se creen, a fin de cuentas, escribir es una gran terapia.

Hagan el favor de cuidarme la casa y no me monten muchas fiestas que luego me toca recogerlo todo a mí :P

Dos por uno (Cuento y Meme)

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Theresano quiere ser princesa. Su padre, el Rey, grita y se enfurruña pero Theresa insiste:
- Papi, es un rollo ser princesa.
El Rey se exasperaba, se enojaba y el cerebro se estrujaba buscando la solución a tan grave situación.
(- No está mal la rima…
- Bueh… nada del otro mundo… facilona, ya sabes…
- Oye ¿y a ti no te habían pasado un meme de esos?
- Sí, ese de contar ocho cosas que quieres hacer antes de morir…
- ¿Y no vas a hacerlo?
- Bueno… sí… supongo… pero ahora déjame con el cuentito…).
- Pero algo tienes que hacer cuando seas mayor y, si no es la de princesa ¿Qué profesión te interesa?
Y, sin dudarlo un instante, Theresa respondió radiante:
- ¡Bruja, papi! Quiero ser bruja, de las de escoba y verruga.
- ¿Dónde se ha visto? – Gritaba el Rey – Una princesa metida a bruja. Ni lo sueñes. ¡Qué ocurrencias! ¡Qué tonterías! ¡Qué… qué… qué impertinencia!
(- Vale, vale, muy mono el cuento pero tienes que hacer el meme. Anda, dime una cosa de esas ocho…
-

La espera

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La señora Catalina, se sentó junto al fuego como hacía cada tarde desde hacía años. Tomó la costura y se dispuso a esperar el regreso de su hombre. En la habitación medio en penumbras de la solitaria casa campesina, la mecedora marcaba el paso de los minutos.
No debiste irte, Antonio, no debiste irte… mira que te lo dije: no te vayas, si te vas no volveré a verte, lo presiento. Pero tú, nada, tú erre que erre; empeñado en marcharte a esas tierras extranjeras a “buscar una vida mejor”, decías. A trabajar para que tus hijos y yo tuviéramos de todo lo que la vida de ciudad ofrece.
Pero yo no quería, a mí ya me parecía bien lo que teníamos; a mí, Antonio, me bastaba con tenerte a ti y a los niños, un plato sobre la mesa y una cama para compartirla contigo. El resto me daba igual, pero a ti no. No, tú querías mejorar, querías “tenerme como una reina”… ¡Cómo si no me hicieras sentir así ya!
Así que no hubo forma. Dijiste que te ibas y no hubo quien te hiciera cambiar de opinión: ni yo, ni los …

Ideas

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“¿Cómo se te ocurren estas cosas?”. Me pregunta Victoria en su último comentario. Pues… ya me gustaría a mí saberlo pero no tengo la menor idea.
Simplemente, surgen de… de algún sitio.
Surgen mientras paseo.
O mientras hago las tareas de la casa.
O mientras charlo con alguien.
O mientras leo.
Antes de dormirme, por ejemplo, es buen momento para cosechar ideas absurdas.

Es en esos momentos cuando la mente comienza a dejar de pensar racionalmente y las ideas pasan volando por la pantalla negra de los párpados como si fueran globos.
Y… ahí va un globito con una idea absurda…
… ¿Y si hubiera un mundo en un rayo de luna? ¿Cómo sería? Tan pequeño como una mota de polvo… Plateado, claro, eso es tan obvio... Sus habitantes, en lugar de hablar, tintinearían. Tendrían figuras estilizadas y elegantes. Y sería una civilización de lo más civilizado…
Y luego se va volando, dejando el paso a otra idea absurda, como…
… El gato que nunca sonríe. Claro que, si nos ponemos puristas ningún gato sonríe, pero… “El ga…