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Mostrando entradas de agosto, 2009

Obesidad

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Antes de dar paso a la historia quiero dar aviso de que una servidora se larga unos días de vacaciones (que ya era hora, digo yo) eso sí, amenazo con volver pronto, muy pronto, demasiado pronto, seguro. Y una vez avisados, dejo que hable el protagonista de este relato inspirado (el relato, no el protagonista) en una noticia sobre obesos que leí no hace mucho. Espero sacar alguna sonrisilla porque me parece que se me estaba quedando esto como muy serio últimamente. Hale, a pasarlo bien, yo vuelvo en seguida :)



Verá, yo ya se lo avisé a la Muerte, que no me podía morir, que con todos estos kilos no hay ataúd que me valga. Pero ya ve el caso que me hizo...
Ella, bueno, mejor dicho él, porque aquí, entre nosotros, la Muerte es un señor. Sí, así como lo oye, un señor y, si quiere que le sea sincero, nada impresionante. La Muerte, sépalo usted, es un señor tirando a bajito, regordete.... hmmmm... ¿conoce usted a Danny DeVito? Pues tal cual. Sí, señor, la Muerte es igual igual que Danny DeVit…

Loretta

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Hubo un tiempo, hace ya varios años, en que Loretta fue feliz.
Hubo un tiempo, hace ya varias estaciones, en que Loretta conoció el amor verdadero.
Hubo un tiempo en que, durante un año, Loretta había vivido una maravillosa historia de amor. Exactamente durante un año. Luego, todo había acabado y el amor de Loretta desapareció sin una palabra, sin un adiós, sin una explicación.
Entonces, a punto de ahogarse en un mar de tristeza, Loretta se aferró a una balsa de añoranzas que la mantuviera a flote. Escogió una primorosa caja de madera de sándalo y, con sumo cuidado, fue guardando en ella los recuerdos y tesoros de su gran amor: tres rosas marchitas, dos cartas perfumadas, cuatro piedras de colores, algunas fotos, una tarde de otoño, un paseo por la playa, cinco sonrisas, decenas de besos, varios abrazos, unas cuantas caricias, las lágrimas de la despedida y otras cosas más.
Cuando acabó de guardarlo todo, Loretta se dispuso a esperar el regreso -que ella creía seguro- de su gran amor.
Cad…

Segismundo

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Allá va el loco Segismundo, arrebujado en su holgadísimo abrigo y medio oculto el rostro bajo su viejo sombrero. Allá va el loco Segismundo, a perderse en la gélida noche en pos de la niebla que serpentea entre calles y callejas y repta por muros y paredes llenándolo todo, cubriéndolo todo, ocultándolo todo. Allá va el loco Segismundo, y los parroquianos del bar murmuran entre cabeceos guasones al verlo pasar; y las vecinas agoreras chismorrean sobre los desastres que pueden acaecerle debido a esta costumbre suya de lanzarse a la oscuridad las noches neblinosas de invierno; y unos y otras se preguntan a dónde irá con este frío, hay que ver, en estas noches de la meseta castellana que cortan la respiración de puro heladas, estas gélidas noches que te entumecen hasta el alma, si alguien dudara de su locura no haría falta más prueba de ella que esta extravagancia.
Pero Segismundo -irredento escritor, oscuro poeta e irreductible orate- con nadie habla, a nadie saluda, a nadie cuenta su se…

Doce veces

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He encontrado al hombre de mi vida doce veces esta semana. Y ninguna de las doce veces lo supe.
El lunestropecé con él a la puerta de mi oficina, nos disculpamos, y seguimos nuestro camino.
Más tarde nos cruzamos en un centro comercial. Él no me vio, yo sonreí ante la coincidencia de encontrarme con el mismo hombre dos veces en un día.
El martes lo vi en la parada de autobús cercana a casa. Esta vez fue él quien se sonrió. No nos dijimos nada.
Luego coincidimos en la cola de la caja de un hiper. Esta vez nos saludamos, entre divertidos y sorprendidos.
El miércolesintentamos coger el mismo taxi. Él me lo cedió con caballerosidad. A mí no se me ocurrió compartirlo.
Por la noche fuimos a cenar al mismo restaurante. Nos saludamos ya como viejos conocidos.
El jueves lo vi pasar bajo mi ventana y comenzó a parecerme extraña tanta coincidencia.
Por la tarde, nos encontramos mientras hacíamos footing en la playa; no saludamos ya sin sorpresa.
El viernes el encuentro llegó a la hora del almuerzo y po…

Lluvia

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El escritor llevaba horas ante el ordenador sin poder escribir una sola palabra. Estaba en blanco. Sin ideas, sin palabras, sin nada.
El primer ploc lo dejó indiferente.

Con el segundo ploc giró la cabeza.

El tercer ploc le hizo aproximarse a la ventana.

Ploc...

En el cristal, la palabra melancolíase deslizaba lentamente.

Ploc...

Tras ella cayó la palabra albores.
Ploc, ploc, ploc, ploc, ploc...

Luego, en rápida sucesión, cayeron almácigo, galerna

El reloj

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Era un reloj ciclópeo y tan viejo como el universo. Era un reloj inimaginable, inverosímil y, sin embargo, intensamente real. Era el reloj de los relojes, el súmmum del arte de la relojería, un reto para cualquier relojero.Su descomunales saetas avanzaban lentamente, desgranando los minutos y las horas incesantemente. Llevaba haciéndolo desde el inicio del universo y así seguiría hasta el final.A los pies del gigantesco y ancestral reloj un hombre insignificante, diminuto por contraste, lloraba y se dolía de la ironía del castigo que le forzaba a permanecer toda la eternidad encadenado a la misma máquina que le había esclavizado durante su vida terrena.----------------------------------

Premios y meme:Me han dado otro premio, y es un premio con meme, y como este post me ha quedado bien corto me decido y hago el meme, también muy corto. El premio que me ha concedido Odel es este:

Y ahora debo decir cinco cosas que me gustan que digo yo que a estas alturas la mayoría de quienes me leen y…