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Mostrando entradas de septiembre, 2009

Mirando las nubes pasar...

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No es malo recordar ni es mala la nostalgia. Ni tan siquiera la melancolía que provoca la nostalgia es mala. Lo malo es quedarse atrapado en el tiempo sin tiempo de los recuerdos y negarse a seguir avanzando y mirar al futuro.
A veces, entre las páginas de mis libros, encuentro pequeñas sorpresas que actúan como curiosas máquinas del tiempo: un bono que usé hace años, una entrada a un museo, una servilleta con una pequeña nota, un número de teléfono con un nombre que ni recuerdas, un anuncio de trabajo... Me gustan porque son como minúsculas inyecciones de nostalgia que suelen dejarte con una sonrisa.
Hay cierto tipo de gente que fracasa porque quiere fracasar, engorda porque quiere estar gordo, enferma porque se empeña en enfermar, no tiene éxito en el amor porque no quiere tenerlo... Es triste pero es verdad, los seres humanos somos tan raros que, a veces, nos resulta más sencillo hundirnos en la miseria que luchar por salir de ella...
Qué sencillo es ver las cosas de forma binaria:…

El Venancio

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Recuerdo perfectamente el verano de mi décimo cumpleaños.
Si cierro mi ojo derecho, mi ojo sano, puedo ver todo lo que ocurrió con mi ojo ciego.
El ojo que el Venancio me cegó de un cantazo cuando yo tenía nueve años.
Aquel verano dejé de ser “el nieto de la señá Engracia” y pasé a ser “el tuerto”, el “un ojo”, incluso hubo quien, aquejado de un curioso ataque de cultura clásica, llegó a llamarme “cíclope” o “Polifemo”.
Aquel verano el odio hacia el Venancio -la mala bestia que llevaba tantos veranos torturándome- alcanzó sus cotas máximas.
Aquel mismo verano comencé a ver a aquellos... seres.
A... Ellos.
Con mi ojo tuerto.
Primero eran sombras reptantes. Formas indefinidas que se movían lentamente ante mí.
Luego, poco a poco, fueron tomando consistencia y ganando realidad.

Meteorología

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Elisa salió aquel lunes preparada para disfrutar de un soleado y cálido día. Se había puesto un fresco vestido de batista y sus sandalias preferidas. Abrió la puerta dedicándole su mejor sonrisa al nuevo día.... y se encontró con una lluvia torrencial y un viento helado que hablaba más de otoño que de verano.
Por supuesto, Elisa regresó a casa a cambiarse de ropa.
El martes, Elisa se decidió por un abrigado pantalón, un jersey y un precioso impermeable de color vino. Con una amplia sonrisa y pensando que el tiempo otoñal también se podía disfrutar, Elisa abrió la puerta... y se encontró con un sol radiante, casi tropical.
Por supuesto, Elisa regresó a casa a cambiarse de ropa.
El miércoles, Elisa se vistió de verano y el tiempo se vistió de otoño. El jueves, Elisa se atavió de otoño y el tiempo lo hizo de verano. El viernes, Elisa se equipó para el verano y el tiempo lo hizo para el otoño.
El sábado Elisa, harta, prefirió no salir de casa.
El domingo por la mañana Elisa abrió la ventana, …

Cerebros

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A diferencia de muchas persona de mi edad (los sesenta se despidieron de mí hace un tiempo...) que disfrutan leyendo las esquelas, a mí lo que realmente me entretiene del periódico son los anuncios por palabras. Fue así como, hace unos días, me topé con el anuncio más curioso que jamás haya leído. Era el siguiente:
Vendo cerebro. Veinticinco años. Casi casi a estrenar. Sólo ha sido usado para cosas superficiales. Nunca se le ha permitido estudiar, ni dedicarse a nada demasiado profundo, ni mostrar curiosidad o pensamiento crítico alguno. Nunca ha leído. Nunca ha sido utilizado para reflexionar sobre política, filosofía, ciencia, literatura o cualquier otro tema (no era necesario, siempre encontraba a alguien que lo hiciera por él). Con un poco de limpieza y mantenimiento hará un gran servicio a quien lo compre. Era una pena mantenerlo -y desperdiciarlo- en semejante cabeza, por eso decidí extirparlo y venderlo a alguien que lo merezca mucho más.
Interesados ponerse en contacto con: b…

La promesa

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Antes de dejar mi relato de hoy paso a transmitir una petición. Desde hace un tiempo (no mucho) colaboro en una web de cuentos infantiles (EnCuentos); hace unos días Liana (escritora, colaboradora y persona que contactó conmigo para pedirme mi colaboración) me preguntó si tenía amigos que escribieran y quisieran, también, colaborar. Y, claro, como yo tengo muchísimos amigos blogueros que escriben, que disfrutan escribiendo y que, además, escriben muy bien pensé que lo mejor era comunicarlo a través de mi blog. O sea, al grano, que si a alguno de quienes habitualmente (o no tan habitualmente) me sufren, le apetece escribir (o ya escribe) cuentos infantiles, poemas para niños, adivinanzas o trabalenguas, pues que se pase por EnCuentos o envíe un e-mail a la siguiente dirección: info@encuentos.com o, si les resulta más cómodo, que me escriba mí (nannytataogg@gmail.com) y yo me encargaré de que Liana se ponga en contacto con quien sea...

Mira que me lío a veces para decir una tontería ¿…

Juego de espejos

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A principios de agosto Santiago Solano propuso una historia (Tres días tristes) y pidió (a quien quisiera hacerlo) ayuda para salvar a Elvirita. Participé encantada en esa salvación con el relato "¿Eterna maldad?". Concluida esta parte, Santiago Solano, nos propone continuar con la historia, tomando como partida "El retorno del Yedi" y, otra vez, participo encantada en esta historia construida en colaboración. Pongo en antecedentes de todo esto a mis amigos (y sufridos lectores) habituales quienes, de otra manera, no acabarían de entender el siguiente relato :)Invito, a quien tenga tiempo y ganas a pasarse por el blog de Santiago Solanoy enterarse bien de la historia (quizás alguien se anime a participar). En fin, aquí va mi participación en esta historia.



Elvira, anciana y cansada, se mira al espejo y se ve, en el lejano pasado, vestida con hopa, cotardía y chapines, peinada con dorada redecilla y mirándose en un espejo donde se contempla, en un lejano futuro,…