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Mostrando entradas de noviembre, 2009

Sonrisa

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Doña Engracia siempre sonreía. Doña Engracia -menuda, canosa, sonrosada- era toda una institución en el pueblo y tenía muchísima más influencia entre sus habitantes que todos los miembros de las fuerzas vivas de la zona. A su paso, los hombres se descubrían y las mujeres saludaban respetuosamente. Doña Engracia, inclinaba levemente la cabeza y sonreía.
La sonriente anciana se había ganado la consideración de todos no sólo por su longeva edad o por su sapiencia vital y su sentido común sino porque, además, era la persona que más sabía acerca de las brujas y de las diferentes formas de protegerse contra ellas. Y eso, en una comarca por la que corrían cientos de historias sobre hechizos, males de ojo, maldiciones, hechizos y demás -al parecer, y de manera inexplicable, esas tierras producían más brujas que productos agrícolas y ganaderos; vamos, que si las brujas se pudieran exportar esta habría sido, sin duda, la región más rica del país- añadía un plus de sabiduría y poder imposibles de…

Venganza

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Sentado en la oscuridad, acariciaba la pistola como si fuera una pequeña y dulce mascota.
Le gustaba su frío tacto.
Le gustaba lo que ella iba a hacer por él.
Se había pasado años rumiando su venganza. Imaginando cuál sería la mejor manera, la más atroz, de hacerle pagar todo el daño que le había hecho. Nada de lo que se le ocurría le parecía suficiente... hasta ahora.
Acercó el revólver a su mejilla pasándolo suavemente por su descuidada barba. Era un arma hermosa, peligrosamente bella. Tenerla en sus manos le hacía sentir bien, tranquilo, confiado en el futuro que se abría ante él.
Ella iba a ser el vehículo de su venganza.
Ella iba a ayudarle a resarcirse de tanto dolor.
Con ella daría el primer paso en el suplico de ese maldito canalla que le había destrozado la vida.
Le costó encontrar la forma que tomaría su venganza y ahora le parecía increíble que hubiera tardado tanto en encontrar la solución a su problema. Iba a perseguirle, a acosarle. Iba a hacerle la vida imposible. No dejar…

Lost in traslation

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La dulce princesa y el encantador príncipe charlaban amigablemente sentados en el jardín de palacio.
La princesa hablaba sobre el dragón monomaníaco que, cada mes, venía al reino para intentar raptarla.
El príncipe la escuchaba inquieto y silencioso.
La hermosa princesa detuvo su charla para lanzar un lastimero suspiro y atusar su dorado cabello.
El príncipe aprovechó ese -sorprendente- momento de silencio para salir corriendo, dejando a la princesa boquiabierta y desconcertada.

Al cabo de una hora -o algo así- el príncipe regresó. Se plantó frente a la princesa de tal forma que los rayos del sol incidieran e hicieran brillar su plateada y refulgente armadura -los príncipes, ya se sabe, aman las apariciones efectistas-.
La princesa, usando su blanca mano como visera y guiñando sus azules ojos para poder mirar al príncipe, dijo con voz de fastidio:
-¿Qué haces así vestido, ya ha empezado la guerra mensual de mi padre?
-Oh, no, no se trata de la guerra. Me he puesto mi armadura para ir a lucha…

Mascota

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Esta mañana, al abrir las ventanas, se me coló una mosca.
Estaba allá afuera, mirándome, como si me estuviera esperando y, en cuanto vio un resquicio, se metió en casa, sin pedir permiso ni nada la muy mal educada.

Una vez dentro se dio un buen paseo por todas las habitaciones, una por una, como echando un vistazo rápido a su nuevo hogar.
Luego dio dos o tres vueltas en torno a mi marido que la despidió con un par de manotazos lanzados al aire lo cual, obviamente, no sentó nada bien a la mosca que se alejó de allí bastante ofendida.
A continuación se puso a girar alrededor de la cabeza de mi hija que, al igual que su padre, la despidió a base de manotazos y gritos. La pobre mosca, medio aturdida y bastante apenada vino a donde yo estaba y parece que le caí bien porque decidió adoptarme. De modo que durante todo el día la mosquita me ha estado siguiendo fuera donde fuera.
Si iba a la cocina, allá iba ella, volando a mi alrededor. Posándose en la lavadora o en el microondas y limpiando …

Apilando palabras

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Apilando palabras sin sentido o con poco sentido. Apilando palabras porque sí. Apilándolas porque me gusta como quedan juntas. Apilando y jugando por pura diversión. No son relatos, no son poemas, no son nada más que palabras apiladas, unidas, amontonadas. Vamos, que me ha dado por hacer cosas raras, pobrecitos :D (Intento ponerme al día con los blogs y también intento responder los comentarios... aunque no siempre puedo).




Era un payaso tétrico, patético, hermético. Era un payaso dramático, esperpéntico, aristotélico, algo pitagórico y bastante ético. Era un payaso ecléctico y estético. Era un payaso higiénico y aséptico. Era un payaso anestésico, dialéctico y estático. Era un payaso emérito y ascético. Era, en fin, un payaso hecho a base de esdrújulos, poco agudo y nada llano.


Aprender de los robots la importancia de un calendario.Admirar la sorpresa cotidiana de los paisajes pintados a lápiz.Jugar a los espejos con Alicia.Contemplar un rayo de sol nadando en el lago.Escuchar a un ga…

Tres historias, diez palabras...

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Hace unos días, saltando de blog en blog tropecé con un listado de diez palabras y se me ocurrió retarme a mí misma a escribir un pequeño relato usando esas diez palabras. Y, para mi sorpresa, conseguí escribir no uno sino tres pequeños relatos. Aquí está el resultado de mi pequeño experimento. Me resultó tan divertido que amenazo con volver a repetirlo. ¿Alguien más se atreve a intentarlo? Las palabras son las siguientes: mariposa, reverberante, laguna, almohada, alféizar, barroco, cascada, albores, girasol y cerúleo.
El resultado podéis verlo a continuación:
Ensoñación
El lento y reverberante tañido de la campana sobrevuela la cerúlea laguna. Una delicada mariposa revolotea en un rayo de sol que ilumina el alféizar de una de las ventanas más altas del barroco palacio. Sobre la blanca almohada una melena rubia se esparce en dorada cascada ocultando a medias una dulce y sonriente carita que, al sonido de la puerta al abrirse, se gira como un radiante girasol hacia el padre que lleva mese…