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Mostrando entradas de febrero, 2010

Y siguen pasando nubes... y yo las sigo mirando..

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...Y con cada nube que pasa, pasa un pensamiento...


La felicidad no es una circunstancia sino una actitud. Si falla la chispa interna, el “talento”, que te capacita para la felicidad dará igual lo que tengas o lo que obtengas, nunca serás feliz.
Las palabras bonitas adornan al amor pero no son amor. Los suspiros y las mariposas en el estómago dan brillo al amor pero no son amor. El latir acelerado del corazón, el pensar continúo en el ser amado dan emoción al amor pero no son amor. En realidad el amor llega cuando todas esas cosas desaparecen.
La nostalgia, como el alcohol, en pequeñas dosis, achispa, en grandes dosis, enferma.
Si me encontrara con mi yo de hace diez o veinte años, probablemente no me reconocerías. Si me reconociera, posiblemente me sorprendería redescubrir cómo era. Seguramente ni tan siquiera me entendiera.

No soy la niña que fui. Tampoco soy la joven que fui. Sin embargo, sin ellas y lo que ellas vivieron yo no sería yo.
Afortunadamente no soy perfecta. Afortunadamen…

Hojas

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Es curioso cómo aparece la inspiración en los momentos y de las cosas más inesperadas. Por ejemplo, este relato me lo inspiró una frase del libro que estoy leyendo actualmente: "La conspiración alejandrina", un libro que no tiene nada que ver con el relato que me ha inspirado. La frase es: "¿Qué hoja va con cada árbol?" Y el relato que me inspiró -y que he escrito de un tirón y ni he revisado...- es este:



Todo el mundo la llama “la mendiga de las hojas” porque, en cuanto llega el otoño y los árboles comienzan a quedarse desnudos se la puede ver por parques y calles, recogiéndolas, acunándolas y repitiendo, a veces susurrando, a veces gritando y a veces, incluso, canturreando:
-¿Qué hoja va con cada árbol? ¿De qué árbol cayó esta hoja? ¿Y esta otra? ¿Y aquella de más allá? ¿Qué hoja va con cada árbol? ¿De qué árbol cayó esta hoja?
Y anda entre las hojas amarillas, las recoge, las observa con detenimiento y luego corre de árbol en árbol. Se aproxima a los álamos, a la…

Huida

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Déjalo, le decían. Abandónalo antes de que sea tarde. Escapa ahora que aún puedes. Pero ella, medio llorosa, medio risueña, medio encogida, medio orgullosa, decía que no, que ella no tenía que escapar de nada. Que sí, que él era muy bruto a veces, pero tienes que ver cómo se arrepiente luego, cómo llora, cómo me pide perdón. Él me ama, en serio, sin mí estaría perdido como un cachorrillo. Intenta controlarse, decía, mi amor hará que cambie. Ya lo verás, lo veréis todos.



Déjalo ya, le apremiaban. Abandónalo. Denúncialo antes de que sea tarde. Hazlo o lo haré yo, le suplicaban. Pero ella, asustada, abrazada a sí misma, decía que no, que ahora no. Que escaparía pero no ahora, más adelante, quizás; pero ahora no, no, él la mataría, se llevaría a los niños, nadie iba a creerla a ella. Él es importante, él es simpático, él es amable con todo el mundo. ¿No lo entiendes? Él es y yo, sencillamente, no soy. Prometía denunciar, lo haría, sí, pero no ahora, ahora no, dentro de un tiempo. Quizás s…

Búsqueda

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Le contaron, en cierta ocasión, que si su deseo era encontrar la sabiduría y la paz interior debía hablar con -y aprender de- el hombre más sabio y más viejo de todo el mundo que vivía en un monasterio que se encontraba en la montaña más alta del mundo. Un año gastó en decidirse a ir en su busca. Tardó otro año en cruzar medio mundo. Otro más le llevó llegar hasta la montaña más alta. Doce meses invirtió en llegar hasta la cima.
Le bastaron tan sólo dos minutos para percatarse de que aquello que veía no era un monasterio sino un pequeño -minúsculo- poblado. Invirtió dos horas en averiguar que se había equivocado de montaña y que la que él buscaba era la de al lado.
Un día le bastó para rendirse y abandonar su búsqueda.
Decidió quedarse unos días.
Los días se transformaron en semanas.
Y las semanas, en meses.
Y los meses en años.
Y, cuando había pasado una década desde su llegada, un hermoso atardecer, mientras contemplaba el juego de los niños del poblado, se dio cuenta de que su odis…