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Mostrando entradas de mayo, 2010

Preguntas

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¿Dónde?
El viejo, viejo capitán recorre el puerto lentamente.
Tap... tap... tap... cojea y renquea avanzando con esfuerzo por los muelles.

El viejo, viejo capitán otea el horizonte con su vieja, vieja mirada.

Tap... tap... tap... continua su lento avance por la dársena.

El viejo, viejo capitán se detiene frente a cada barco, lo observa con detenimiento, se frota su blanca barba, niega cabizbajo y retoma su camino preguntándose en susurros:¿Dónde? ¿Dónde? ¿Dónde?
Tap... tap... tap... el golpeteo del bastón y el romper de olas acompañan al capitán en su exploración.

Una por una examina cada embarcación, las grandes, las pequeñas, las medianas... Los barcos pesqueros, los buques mercantes, las naves llenas de turistas... Y, tras mirarlos un rato, se frota la blanca cabeza, niega lentamente y continua hacia el próximo mientras se pregunta:

¿Dónde? ¿Dónde? ¿Dónde?
Ha perdido la cuenta de los días pasados, de los años vividos y de los puertos visitados. No podría decir a cuántos marineros ha pregun…

Supervivencia

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En la planta más alta de la más alta torre del Castillo situado en la cima más alta de la más alta montaña del reino, dormía una hermosa princesa. Cientos de años habían transcurrido desde que una malvada bruja condenara a la joven al sueño mágico del que sólo despertará cuando un valeroso príncipe deposite en sus rosados labios su primer beso de amor.
Rodeaba el castillo un oneroso, oscuro y profundo bosque cuyos gigantescos árboles habían sido, en aquel lejano tiempo en que la dulce doncella aún hacía resonar su cantarina risa por las cámaras del Castillo, un poderoso ejército de diez mil fieros guerreros que habían jurado proteger y custodiar con celo a su princesa. Tan grande era su lealtad que se negaron a abandonarla aún cuando cayó víctima del hechizo. Entonces, la pérfida bruja decidió usar tanta fidelidad en su beneficio y transformó a los diez mil soldados en diez mil enormes árboles que estorbaran el paso a cualquier príncipe que pretendiera llegar hasta el Castillo. Ocupaba…

Fuente de inspiración

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Admiraba a aquel escritor. Admiraba la facilidad con que creaba. Admiraba la habilidad con la que tallaba las historias. Admiraba la forma en que las palabras parecían hacer lo que él quisiera, contar lo que él quisiera, mostrar lo que él quisiera.
Adoraba a aquel novelista y adoraba su maravillosa mente. Adoraba sus novelas. Adoraba sus cuentos. Adoraba sus artículos y hasta sus frases más cortas.
Tenía todos sus libros y había aguantado horas de larguísimas colas para conseguir su firma en cada uno de ellos. Compraba los periódicos y revistas donde publicaba algún artículo, los recortaba con cuidado, los pegaba en un gran album y los leía y releía tantísimas veces que era capaz de recitarlos de memoria sin equivocarse ni en un punto ni en una coma.
Conservaba, también, todas sus entrevistas.
No se perdía ni una sola de sus intervenciones televisivas o radiofónicas.
Era, sin duda, el mayor admirador de aquel maravilloso novelista, de aquel gran poeta, de ese cerebro lleno de genialidad e …

Vida

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Tengo una vida pequeña, una vida sin importancia, una vida poco interesante, una vida, vaya, como de andar por casa.
Tengo una vida normal y sin grandes emociones, ni grandes lamentaciones, sin glamour, sin aventura, sin brillo y sin desaforadas pasiones.
Tengo una vida corriente, ordinaria, del montón, una vida en vaqueros y zapatillas, sin maquillaje pero llena de color.
Tengo un amor cotidiano, un amor de diario, de los de manta y televisión, sin misterios ni arrebatos, ni mariposas, ni suspiros, ni sobresaltos. Un amor casi en pijama, de pelos alborotados, de “me gustas hasta desaliñada”, de abrazos por la mañana, de besos en cualquier lado, de “no olvides bajar la basura”, del “qué comemos mañana”, de ir siempre de la mano o cogidos de la cintura, de secretos y complicidades varias. Un amor de cada día, sin grandes pretensiones.
No es un amor de película pero a mí, ya me vale.
Tengo una vida normal y me gusta que así sea. Para otros dejo el glamour, las grandes ambiciones, l…