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Mostrando entradas de octubre, 2010

Contacto

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La gigantesca nave alienígena flota sobre la urbe. La ciudad ha paralizado toda su actividad. A lo largo y ancho del planeta se encienden los monitores de televisión mientras familias y amigos se reúnen en torno a ellos. Algunos, más curiosos, intentan aproximarse al lugar en el que se producirá, por fin, el encuentro, pero la seguridad no había dejado el menor resquicio por el cual colarse.
Los minutos parecen alargarse mientras todo un mundo aguarda expectante el primer contacto con miembros de una civilización de un planeta lejano y desconocido.
Un destello aparece en el vientre del oscuro coloso que flota sobre la metrópoli. Una pequeña nave desciende velozmente hasta posarse en la explanada elegida como improvisado astropuerto.
La puerta se abre y los alienígenas comienzan a descender. Los presentes en el acto de bienvenida reprimen -a duras penas- una exclamación de repugnancia ante el aspecto de los recién llegados. Exclamación que se extiende sin represión por las gargantas de c…

Martinón

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Tumbado en la fría cama hospitalaria, Benigno aspira sus últimas bocanadas de oxígeno. El tiempo va pasando al ritmo de su pesada respiración mientras su consciencia va y viene, oscilando entre la oscuridad interior y la luz exterior.
La realidad se le presenta en una serie de fotos fijas.
El tiempo parece transcurrir entre parpadeos.
Sentado en una silla próxima a la cama, su hijo lee.
Parpadeo.
En el televisor sin sonido unos desconocidos discuten a voces.
Parpadeo.
Su hija mira melancólicamente por la ventana.
Parpadeo.
Un niño le observa desde los pies de su cama.
Benigno se sorprende pero, irremediablemente, sus ojos vuelven a cerrarse.
Para abrirse nuevamente al cabo de un rato y encontrarse con el mismo niño que le sonríe, no como un niño sonríe a un adulto sino con la sonrisa franca y cómplice con la que un niño sonríe a un amigo.

Las preguntas de Aura (Infantil)

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Algunas de las preguntas de este cuento son reales y me las ha hecho mi enana a mí. En realidad, todas las historias de Aura están inspiradas en ella, lo digo ahora porque sé que le hace ilusión y hasta se ha molestado un poquito por no haber usado su nombre para el personaje ;D



Aura es muy curiosa, por eso siempre anda haciendo preguntas. Muchas preguntas.
Aura mira, observa, examina, curiosea y pregunta.
Aura se prepara para dormir, se acuesta en su cama y se pone a pensar sobre lo mucho que ha crecido. Entonces frunce el ceño, mira hacia el cabecero, mira hacia los pies y pregunta a su madre:
-Mami, cuando crecemos... ¿lo hacemos desde la cabeza o desde los pies? Porque si crecemos por los pies, igual acaban por salirse de la cama pero si crecemos por la cabeza, lo mismo acabo dándome un golpe con el cabecero...
Y su mamá, claro, no sabe qué responder.
Aura es curiosona y preguntona. Aura todo lo quiere saber.
Aura mira, observa, examina, curiosea y pregunta.
Aura, asomada al balcó…

Retiro

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Este texto que hoy publico no es realmente un relato, este texto no es más que una manera de jugar con las palabras en torno a una idea. No hay ni giros sorprendentes ni nada por el estilo :) Es este un texto inspirado en varios posts de Emilio Porta al que recomiendo que paséis a conocer en cualquiera de sus dos "casas": la de Escritores en Red y su Página Personal. Espero que no le importe que use su idea para uno de mis posts :)



Retiro



¡Qué descansada vidala del que huye el mundanal ruido y sigue la escondida senda por donde han ido los pocos sabios que en el mundo han sido!

De vez en vez busca el escritor -un escritor, algún escritor, quizás no cualquier escritor- un lugar de reposo y silencio, un lugar de trabajo y soledad, un lugar donde vivir en comunidad alejado de la comunidad.
De vez en vez busca el escritor -un escritor, algún escritor, quizás no cualquier escritor- un lugar de refugio donde soñar y escribir, meditar y escribir, pasear y escribir, vivir y escribir, s…

Reciclaje

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Tras quince años de matrimonio y harta de sufrir, Marta decidió que había llegado el momento de hacer limpieza y reciclaje en su vida.
No más dolor, no más llanto, no más vivir con él y para él.
Quería borrarlo para siempre de su vida y de su memoria. No quería nada suyo ni en su casa, ni en su corazón, ni en su mente.
Primero se deshizo de su ropa: pantalones, camisas, camisetas, calzoncillos, chaquetas, calcetines... Tijeras en ristre, Marta hizo retales de cada una de las prendas sin que ninguna hallara absolución o clemencia.

Una vez finalizado el exterminio telar, le tocó el turno a cualquier fotografía en la que él apareciera. Fueron todas rotas, una por una, hasta transformarlas en confetti. Marta disfrutó tanto con la tarea que incluso acabó por romper toda foto que él le hubiera hecho a ella.
Cuando no quedó ya ninguna imagen que eliminar, Marta se dirigió, pisoteando pedacitos de caras, vislumbres de sonrisas y diminutas manos, al cajón donde guardaba las cartas que él le había…