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Mostrando entradas de enero, 2011

Parsimonia

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Es una viejilla consumida y diminuta, más huesos que pellejo, sin un gramo de grasa que ocupe el espacio entre sus huesos y su piel. Su cara, llena de arrugas profundas como barrancos, parece haber olvidado el arte de la sonrisa y de su boca desdentada tan sólo sale una especie de graznidos que, con dificultad, pueden ser interpretados como palabras.
La minúscula anciana se sienta cada día a la puerta de su casa, justo a la entrada del pueblo y su vieja cara es la primera que se encuentra cualquier forastero al llegar. Ella los detiene en su camino y, tras observarles detenidamente con sus ojos casi ciegos, chasquea la lengua disgustada al no encontrar la cara que ansía y se lanza a preguntar por su hijo ¿le has visto?, pregunta, ¿sabes dónde está?, inquiere, ¿le conoces? y, tras la negativa del forastero, la anciana vuelve lentamente hacia su silla y allí se sienta, canturreando y meciéndose, a la espera del siguiente forastero.
El extranjero así observado e interrogado, es natural, no…

Ortografía

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Ataúlfo Buitrago era incapaz de escribir una palabra de manera correcta y, mucho menos, una frase completa. El Sr. Buitrago le daba patadas al diccionario alegre e indiscriminadamente, maltrataba a la ortografía de forma sádica y apaleaba a la gramática sin un atisbo de piedad.

Lo peor de Ataúlfo no es que fuera un ignorante, lo peor de Ataúlfo es que era un ignorante por propia elección que es la peor clase de ignorante que existe en el mundo. Y es que el Sr. Buitrago consideraba eso de la ortografía y la correcta gramática un peñazo y cosa de cursis estirados y se negaba en redondo a aprender y respetar las normas más básicas de la correcta escritura: trastocaba las uves y las bes sin ton ni son, se comía las haches de allá donde iban y las regurgitaba allá donde más le apetecía, con frecuencia instalaba una jota en lugar de una ge o una ge en lugar de una jota. Los acentos tan pronto llovían confusamente sobre varias palabras elegidas al azar como dejaban los textos convertidos en d…

Jugando con la Ñ (Trabalenguas Infantiles... o algo así)

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Vania, la araña
¡Menuda maraña
la tela que trama
Vania la araña!
La pobre araña
hoy tiene migraña
no puede ni pensar
por eso enmaraña su tela de araña
y no la sabe desenmarañar.
¡Menuda maraña
la tela que trama
Vania la araña!
La araña, con saña,
deshace su tela
mientras se queja y se duele
de la migraña
que enmaraña su tela de araña.
¡Menuda maraña
la tela que trama

El zombi

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El zombi, recién salido de su tumba, avanzaba bamboleante y aún algo confuso por las oscuras calles de la pequeña ciudad. Hacía apenas una hora dormía plácidamente el sueño eterno y ahora, aquí estaba, manchado de tierra y barro, con gusanos aún corriendo por sus entrañas y las articulaciones algo oxidadas, andando sin rumbo en busca de alimento.
El zombi -antes llamado Anastasio- emitía suaves quejidos de protesta por encontrarse en semejante situación. Si este ser, antes llamado Anastasio, hubiera podido hablar correctamente lo oiríamos lamentarse de la pérdida de su cómodo ataúd y de lo mucho que extrañaba a los gusanos e insectos que lo acompañaban allá abajo y de lo que le costaba moverse con esas articulaciones rígidas y resecas y de los trozos de ropa y carne que iba perdiendo por el camino y de que dónde porras se meten las cuerdas vocales cuando las necesitas para poder lamentarte latimeramente de todo lo que un zombi tiene que lamentarse. Y, encima, esa urgencia que notaba ah…