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Mostrando entradas de marzo, 2011

El árbol

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Acampé bajo el último árbol que encontré antes de entrar en el desierto. Iba a ser un viaje largo y duro por un paisaje árido y hostil, así que me dispuse a disfrutar con fruición la fresca sombra, el hermoso verde de sus hojas y el aletear de los pájaros que en él se acomodaban.

Durante los días que pasé a su sombra reuniendo las fuerzas y el valor necesarios para atravesar aquel vasto páramo en el que la vida era algo casi desconocido, aquel fuerte árbol se convirtió en un amigo. Me gustaba sentarme contra su áspero tronco y charlar con él sobre mis miedos y mis esperanzas, mis sueños y mis desengaños. Era un compañero silencioso y atento, un solícito y callado benefactor al que, sin duda echaría de menos.

El día de mi marcha, tras recoger mis escasas pertenencias, palmeé su cuarteada corteza, abracé su fuerte tronco y, sí, lo confieso, incluso derramé unas lágrimas. La despedida me entristecía más de lo que hubiera querido. Suena muy loco, muy raro, lo sé, pero cuando se lleva tanto …

Pesadilla

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Hace frío, mucho frío. La niebla se mete por debajo de mi abrigo y me hiela el corazón. O tal vez es el miedo el que me está dejando helada.


No sé cómo he llegado hasta aquí, no sé qué hago aquí, no sé dónde es “aquí”.

Debo andar o me quedaré helada en medio de esta niebla. El aire es pútrido y ponzoñoso. Intento respirar por la boca para no percibir ese olor. El único sonido que me acompaña es el aleteo y el graznido de unos cuervos que, alrededor de una incongruente horca, parecen estar a la espera de un nuevo banquete de carne humana.

Siento que debo ir hacia la casa aunque no sé por qué. 
Tengo las manos y los pies entumecidos de frío y el corazón congelado de un terror indefinible e indefinido. Tal vez sea esa luna roja que asoma entre jirones de niebla. Tal vez esa luz, también roja, que desde la casa parece llamarme. Tal vez el graznido ensordecedor de los cuervos. Tal vez la extraña sensación de que algo diabólico me vigila y me espera, que esta niebla que me rodea, este aire putr…

Un paraguas rojo

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--> Antes de dar paso al relato, quisiera comunicar, por si alguien estuviera interesado que digo yo que igual alguien lo está, que aquí al ladito, se me ha ocurrido abrir otro blog exclusivamente para cuentos y rimas infantiles. Así que si hay alguno o alguna o incluso, algún algo, a quien le apetezca leer esas cosillas mías para niños pues queda invitado a ir hasta allá y pasar un ratillo leyendo. De momento iré alternando cosas ya publicadas en Testamento de Miércoles con otras nuevas. Ah, sí, que cómo se va, pues es muy fácil, sólo hay que hacer un pequeño clic en El cofre de los cuentos (espero empezar a encontrar a alguien por aquel desván porque, de momento, está de lo más solitario :D)
Y ahora, sí, el relato de hoy, debajo de la foto:
Era una sombra soñadora que no llevaba nada bien eso de pasar la vida arrastrándose por suelos y paredes.

Era una sombra fantasiosa a quien disgustaba ser esclava de un cuerpo que ni atención le prestaba.

Era una sombra con su aquel de artista…

Las cosas del querer

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Rojo


El sol del anochecer tiñe el mundo de rojo. Ella, entre las rocas, increpa al mar, vierte sobre él improperios y maldiciones mientras sus lágrimas saladas se mezclan con la sal del océano. La tarde, roja, avanza lentamente hacia la noche mientras ella -la loca, la chiflada, la perturbada- sigue maldiciendo e insultando a ese mar que se le llevó lo que más amaba una tarde como aquella de hacía tantos años.

Y ahí está ella, como cada tarde, soltando sobre el maldito mar toda su rabia y toda su pena, envuelta en rojo, inmersa en rojo, llorando en rojo.
Amor sin esperanza
La amó durante toda su vida.

La amó en silencio, sin que ella supiera nada.

La amó a distancia, sin que ella conociera de la existencia de ese hombre que era ya más satélite suyo que hombre libre.

La amó más que nadie en el mundo, sin que ella se sintiera amada.

Pasó toda su existencia sin atreverse a vivir un amor que era su vida y muriendo por un amor que le hacía nacer cada día.

Ella murió en abril. Él la siguió en mayo.

N…

Gente contradictoria

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Hay hadas muy brujas, y brujas muy buenas, y buenas muy malas y malas muy buenas.
Hay princesas muy plebeyas, y plebeyas muy señoras, y señoras muy sirvientas, y sirvientas muy mandonas.
Hay héroes muy cobardes, y cobardes muy valientes, y valientes muy medrosos, y medrosos muy osados.
Hay ingenuos muy astutos, y astutos muy sinceros, y sinceros muy traidores, y traidores muy leales.
Hay honrados muy granujas, y granujas muy honestos, y honestos muy inmorales, e inmorales muy fiables.
Hay sinceros muy fulleros, y fulleros muy sinceros, y tramposos candorosos, y cándidos maliciosos.
Hay odios muy amorosos, y amores muy rencorosos, y rencores muy afectuosos, y afectos muy enojosos.
Hay enanos muy titanes, y titanes muy pequeños, y pequeños eminentes, y eminentes muy vulgares.
Hay feos muy bellos, y bellos repelentes, y repelentes atractivos, y atractivos desagradables.
Hay sabios muy ignorantes, e ignorantes muy inteligentes, e inteligentes muy inconscientes, e inconscientes muy avispados.