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Mostrando entradas de julio, 2013

Micros

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Humanidad

Tras la desaparición de la especie humana, los robots se autoproclamaron sus herederos y decidieron continuar adelante con su civilización. Incapaces de crear algo realmente nuevo y admirados por lo que aquellas máquinas celulares habían logrado, los robots decidieron imitarlos hasta el más mínimo detalle. Copiaron, pues, su estructura social y su aspecto, incluido el -para ellos- innecesario dimorfismo sexual. Emularon -de manera bastante aproximada- sus emociones y sentimientos. Pintaron, esculpieron, escribieron, compusieron, crearon y recrearon arte siguiendo siempre los cánones humanos. Leyeron su historia, estudiaron su filosofía, aplicaron y ampliaron su ciencia y, poco a poco, aprendieron a pensar  y a ser como ellos. A pesar de todo, y aún disponiendo de toda una eternidad para averiguarlo, los robots eran conscientes de que algo -no sabían qué- les impedía llegar a ser tan humanos como los humanos.
Crearon mejores cerebros sólo para poder resolver ese misterio pero, a…

Dinero por nada

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Sentado en la abarrotada cafetería, como una isla de silencio en medio de la ruidosa actividad que se desarrolla en todo centro comercial, el hombre aguarda. Despeinado, haciendo esfuerzos por esconder el temblor nervioso de sus manos, mira hacia todos partes buscando algo que lo haga cambiar el rumbo de los acontecimientos por venir. Usa la ropa de buena calidad aunque un tanto ajada del que, acostumbrado a tener dinero de sobras, se ha visto abocado a llevar una vida demasiado modesta para sus gustos. Se pasa continuamente la mano por el desordenado cabello, maldiciendo entre dientes las leyes antitabaco que le impiden sacar el paquete que lleva en el bolsillo de su chaqueta y fumar un cigarrillo tras otro para calmar su ansiedad. De modo que, a falta de cigarrillo, juguetea intranquilo con el móvil que tiene sobre la mesa. Por momentos siente ganas de echar a correr, salir de allí, ir a casa y olvidarse de todo. A fin de cuentas el pago todavía no se ha realizado, no se hará hasta qu…

Cara o cruz

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El mendigo se sentó junto a mí en el banco y su olor me hizo retirarme -todo lo disimuladamente que pude-, varios centímetros hacia mi derecha. Podía haberme marchado pero, tímido y educado como soy, me dio cierto apuro levantarme, aunque aquel hombre estaba tan borracho que ni se habría enterado de mi rechazo. Bueno, pensé, mientras no le dé por pegar la hebra... pero la pegó, por supuesto, porque soy un imán para toda esa gente que está deseando encontrar un extraño al que contarle sus penas. Intenté fingir que estaba muy ensimismado en mi libro pero pronto me dí cuenta de que al mendigo le daba un poco igual si yo escuchaba o no escuchaba, o sea, que hubiera podido seguir leyendo sin la menor distracción si no fuera porque cuando comienzo a escuchar una historia, tengo que oírla hasta el final. Y así fue como me enteré de la curiosa historia de Bernardo Artigas (que así se llamaba el mendigo). -Verá usted -estaba diciendo Bernardo-, yo siempre he sido muy indeciso. ¿Conoce usted la f…

Micros

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Músico callejero
Había esquinas mejores que aquella para tocar pero a él le gustaba esa porque por allí, cada mañana, pasaba ella, con su fresco aroma, su pelo alborotado, su andar desgarbado, su enorme bolso y su mirada tímida. Él la amaba -desde lejos, en silencio- y cuando hacía sonar su violín, lo hacía sólo para ella. Todos se paraban embelesados ante la belleza de su música... Excepto ella que, impertérrita, continuaba su camino. El pobre músico no entendía su indiferencia y -demasiado tímido, demasiado apocado- no encontró jamás el valor suficiente para hablarle. Ella nunca se enteró de su amor. Él nunca supo que la impasibilidad de ella ante su música no era fruto de la altivez sino de la sordera.

La llama sagrada
Lo dijeron los dioses: -Si la sagrada llama muere, la humanidad morirá con ella.
El templo quedó aislado a causa de las nevada invernales y la madera que alimentaba la sagrada llama dejó de llegar. Cuando se terminó la que había almacenada, la llama languideció. Los monjes qu…