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Mostrando entradas de febrero, 2014

Amor letal

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Era hermosa, muy hermosa. Destacaba en aquel lugar lleno de muerte como una delicada figura de cristal de Swarovski en un basurero. Berg contemplaba hipnotizado su llameante cabello rojo y su esbelta figura envuelta en un ajado vestido de novia, cuando escuchó los gruñidos que anunciaban a un grupo de zombis que, lentos pero decididos, se dirigían hacia el lugar en el que ella se encontraba. Sin pensarlo demasiado, abrió la puerta dispuesto a socorrerla. Ella, entonces, giró su rostro hacia él. Berg se detuvo, aún en el porche de entrada, bruscamente paralizado por la visión que, al girarse, la muchacha había dejado al descubierto: un cuello desgarrado y cubierto de sangre, y un rostro hermoso pero inexpresivo que movía de un lado a otro, olisqueando el aire como un animal de presa. Ya era tarde para aquella hermosa muchacha y Berg, apesadumbrado y asustado, volvió a entrar rápidamente en la casa cerrando la puerta tras sí. Por fortuna, sus compañeros se encontraban durmiendo, porque sino…

Micros y cosas... O viceversa

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Adelanto esta semana la actualización del blog para compartir con vosotros (los que aún no lo sepáis y los que aún me leáis... ¿Hola? ¿Hay alguien ahí afuera? ¿Allá al fondo, quizás?) una buena noticia: El próximo día 7 de Marzo, a las 19.30  presentaré mi libro “Testamento de miércoles”, en la Asociación de Escritores y Artistas Españoles (Leganitos 10, Madrid) Presenta: Fefa Martí Maldonado. Coordina el acto: Emilio Porta. Quien quiera y pueda o viceversa, está más que invitado (y como no vayáis os lanzo un conjuro que ya, ya...). Quien no pueda... pues nada, para esos no habrá conjuro ni ná :) Alguno habrá que vaya... ¿verdad? ¿verdad? :D Os dejo el cartel porque... porque... pues porque mola :D (Y después del cartel, ya sí, los micros, impacientes :P).



MICROS:


Final

Renqueante, marcando el ritmo con su bastón de caña, Gervasio se acerca hasta el banco. Cabizbajo y melancólico, dobla su cuerpo con dificultad y, tembloroso, deja que su cuerpo repose sobre la cálida madera. Agotado tras tan n…

Despertar

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El joven, valeroso y atractivo príncipe entra en la oscura estancia. Las pesadas cortinas apenas dejan pasar un diminuto rayo de sol que lucha tenazmente contra las tinieblas sin lograr que cedan el terreno conquistado desde hace tantísimos años. Por fortuna el lugar se haya iluminado por decenas de velas de variado tamaño y grosor que permiten al joven príncipe avanzar sin tropezar. En medio de la cámara un gigantesco lecho, semioculto por un pesado dosel, acuna el bello y dormido cuerpo de la princesa durmiente que aguarda el beso de amor que ha de sacarla de su prolongado letargo. El príncipe se aproxima con sigilo. Se inclina sobre el rostro de la princesa y contempla su belleza: la delicada línea del cuello, el blanco escote, las negras cejas, las largas pestañas, el oscuro cabello enmarcando el níveo rostro y, sobre todo, los entreabiertos y rojos labios que parecen aguardar la dulce caricia que habrá de despertarla.
El joven roza suavemente la delicada piel y aspira el dulce aroma…

Sobre el amor

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El adiós

Él le lanzó su odio a la cara. Ella aceptó su odio. Él le escupió todo su desprecio. Ella se dejó despreciar. Él la insultó, la acusó, la rechazó. Ella no se defendió. Él la borró, la alejó, la anuló, la convirtió en la sombra de una sombra... Ella, sombra y fantasma, calló y se fundió con la noche. Ella no vio su soledad. Él no vio su dolor. Ella siempre lo amó. Ninguno logró olvidar.


Amor

Ya sé que está muerto, como para no saberlo, si yo misma lo maté. Intentando que no sufriera, eso sí, porque yo lo quería mucho, ¿sabe? Era lo que yo más quería en este mundo, por eso lo maté. No me mire así, si supiera lo que es querer de verdad no se sorprendería tanto. Yo quería cuidarlo. Tenerlo siempre cerca, charlar con él, dormir a su lado hasta el final de mis días. Es lo que él me había prometido. Y las promesas hay que cumplirlas. Por eso lo maté. Y por eso lo tengo aquí, en la salita, para charlar con él y ver la tele juntos, como siempre. Usted lo llamará locura. Yo prefiero llamarlo amor.