Entradas

Mostrando entradas de julio, 2015

Animales

Imagen
Ira
Alzó la vista del periódico y la vio frente a él. Tranquila. Indiferente. Había estado toda la tarde molestando, incordiando, importunando, enojándolo y ahora... ahora ahí estaba, tan tranquila, como si no hubiera pasado nada de nada. Aquello terminó de sacarlo de sus casillas. Estrujó el periódico entre sus manos. Apretó los puños con fuerza. Y golpeó una y otra vez hasta acabar con ella. Se quedó un rato allí de pie, mirándola fijamente, jadeando exhausto, disfrutando de la visión de aquel cuerpo machacado y sonrió con satisfacción. ¡Aquella maldita mosca ya no iba a darle más la lata!

Fidelidad
A pesar de todo fue fiel y leal hasta más allá de lo soportable. A pesar del maltrato que era su desayuno, su comida y su cena diarias. A pesar de los insultos que recibía como aperitivo, merienda y postre. A pesar de todo fue fiel y leal hasta el momento en que su sentido de la supervivencia fue superior a su fidelidad y su lealtad y, en un arranque de miedo y furia, le desgarró la garganta al asesino…

La señora Engracia

Imagen
La señora Engracia era menudita, redondita y dulce como un bollo recién horneado y olía igual de bien. Los niños del pueblo la adorábamos porque siempre llevaba el bolso lleno de golosinas que parecían no tener fin y que distribuía generosamente entre toda la chiquillería, porque nos contaba historias fantásticas y porque parecía tener una paciencia infinita para soportar nuestros gritos, nuestros juegos y nuestra presencia. Los adultos, en cambio, la tenían por un poco loca. Inofensiva y encantadora, pero loca. Así y todo, entre risas y bromas, en el pueblo, cada primera noche de primavera, las ventanas se llenaban de vasos de orujo porque esa noche, contaba la señora Engracia, andaban los duendes de fiesta y casa donde no encontraran orujo, casa en la que iban a empezar a ocurrir cosas extrañas. El primer día de invierno se cuidaban mucho de apartar unos pocos troncos para que las hadas tuvieran con qué calentarse; y en la noche de Todos los Santos ninguno olvidaba sacar dulces para …

Sobre la Muerte

Imagen
Comprensión
La Muerte se miró al espejo. No por coquetería sino por saber. Por saber qué veían aquellos a quienes se llevaba. Por saber qué temían. Sólo por saber. La Muerte se miró al espejo. Su rostro huesudo. Su sonrisa inamovible. Sus largos dedos. Su figura delgada. Su larga túnica. Se miró de frente, de lado y hasta intentó ver su espalda. La Muerte se miró al espejo. Intentaba entender qué les aterraba y no lo lograba. Hasta que miró sus ojos, aquellas dos enormes cuencas llenas de vacío. Aquellos dos enormes agujeros inundados de eternidad y olvido. Aquellos dos pozos infinitamente oscuros. La Muerte se miró a los ojos y supo, entonces, por qué la temían.




Filosofando
Tomó un trapo de cocina y se aproximó con sigilo a la mosca. Alzó el brazo lentamente, conteniendo la respiración para no espantarla, se detuvo un instante, midiendo distancias y calculando velocidades y, con un movimiento, rápido y certero... ¡ZAS! Aplastó al molesto díptero y lo mandó al otro barrio. -Qué frágil es la vida -se di…