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Mostrando entradas de 2016

Nochevieja

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¿Año nuevo?

La última onda sonora de la última vibración de la última campanada del año acababa de sonar. Todos en la plaza gritaban, saltaban, se abrazaban y bebían. -¡Feliz Año Nuevo! Gritaban unos. -¡Happy New Year! Se atrevían los que presumían de internacionales. Durante el tiempo que duró el viaje de esa última onda la algarabía fue mayúscula, el confeti voló, el alcohol descendió por las gargantas, los pies se movieron en danzas alocadas, las gargantas se esforzaron al máximo con cánticos y gritos. Y cuando, por fin, esa última onda sonora de la última vibración de la última campanada del año llegó hasta el último oído capaz de percibirla y murió, el reloj volvió a dar los cuartos. De pronto, todos volvían a estar en los lugares que habían ocupado hasta hacía un momento, con las uvas en las manos, aguardando expectantes, que el reloj comenzara a desgranar las últimas campanadas del año. Y de nuevo, cuando la última onda sonora de la última vibración de la última campanada del año acabó …

Negra Navidad

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En casa por Navidad

La escena no puede ser más idílica y típicamente navideña. El padre, sentado en una butaca de orejas junto a la chimenea, pipa en mano y la mirada fija en el crepitante fuego. La madre, con las gafas casi en la punta de la nariz, sentada en la butaca cercana, con un libro entre las manos. Y yo, el hijo pródigo, recién llegado de nuevo al hogar familiar, decorando el árbol familiar. Cuando era niño lo hacíamos juntos, ¿recuerdas, papá? Yo colocaba los de la zona inferior y luego te iba pasando los de la parte alta. Cuando ya estaba todo colocado, me levantabas del suelo para que pudiera poner la estrella en la punta. Y entonces, antes de encender las luces, entraba mamá con las galletas que acababa de preparar y unas humeantes tazas de chocolate. Ella y yo nos sentábamos mientras tú, redoblando un imaginario tambor, prendías las parpadeantes luces. Eran buenos tiempos aquellos. Éramos felices. Al menos yo lo era y siempre he supuesto que vosotros también lo erais... a…

Truco o trato

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El viejo la vio llegar, escondido tras los visillos: una pequeña muerte, una parca diminuta, con su túnica negra y su guadaña, se aproximaba a su casa, con una calabaza en la mano derecha y dando saltitos. Dentro de su cesta/calabaza varias golosinas hacían cabriolas al ritmo de sus piernas. Cuando llegó a la puerta, la minúscula moira arregló su capucha, alisó su túnica y, poniéndose muy derecha, acercó su dedo al timbre y apretó hasta casi ahogarlo. El viejo intentó hacerse el loco. -Si no abro se cansará y se marchará -se dijo. Pero la pequeña apretó el timbre sin piedad hasta que el hombre, con paso cansino y resignado, se acercó a la puerta y la abrió. Desde las sombras de su capucha, la niña dijo con voz cantarina: -¡Truco o trato! El viejo gruñó: -¡Lárgate niña, no tengo golosinas! Y, sin más, cerró la puerta. Inmediatamente la pequeña demandante de golosinas volvió a incrustar su dedo índice en el timbre haciéndolo resonar de manera continua e irritante. El hombre soportó el martirio du…

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Es una mañana como cualquier otra mañana. Una mañana de bostezo y rutina en la que no parece posible que algo extraordinario pudiera suceder. Y, sin embargo, lo extraordinario, que es muy de ocurrir cuando le da la gana, ocurre.. En medio de un bostezo comunitario y contagioso, en pleno centro urbano, un hermoso ángel de gigantescas alas, desciende, glorioso a la par que elegante, provocando asombro, pasmo, sorpresa, vuelo de sombreros y alzado de faldas. El ángel, con exquisito cuidado, se posa sobre la estatua del fundador de la ciudad e inflando el pecho, comienza a gritar: -¡Temblad, pecadores porque se acerca el Fin de los Tiempos! A su alrededor brillan luces, suenan trompetas, el batir atronador de cientos de alas llena el aire, un millar de ángeles cantan gregoriano. Una señora, desde un balcón cercano, grita: -¡A ver si hacemos menos ruídos que me han despertao al niño! La gente, curiosa, se va arremolinando en torno al ángel. -¡Anda, papi! -dice un niño mientras cava un profundo tú…

Ayudando a papá

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Es sábado. Por fin. Hoy no hay cole. Papá nos ha despertado con cosquillas y pedorretas y luego, cogiéndonos a cada uno bajo un brazo, nos ha llevado a la cocina. Papá es muy fuerte, el hombre más fuerte que existe. Me gusta cuando me levanta con una mano y me hace girar y girar hasta que me mareo, una vez me dio tantas vueltas que acabé vomitando... fue muy divertido. A Lucy, en cambio, no le gusta, dice que le da miedo. Lucy es que es un poco gallina. ¡Chicas! Hemos preparado el desayuno entre los tres. Los desayunos del fin de semana son mis favoritos porque los hacemos juntos y comemos todo lo que nos gusta: tortitas, bollos, cereales, fruta... lo que se nos ocurra. Una vez, incluso, desayunamos pizza de la noche anterior, fue muy raro pero a mí me gustó. Lo que más me gusta de los sábados, además de no madrugar, no ir al cole, el desayuno y todo lo demás, es que es el día en que ayudamos a papá a limpiar el sótano. Mis amigos se quejan siempre que tienen que ayudar en las tareas pe…